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Fabricio Gómez Mazara plantea transformar la relación entre el Estado y las mipymes: «Hay que comunicar resultados»

El director general de Promipyme propone superar el modelo tradicional de comunicación gubernamental y construir una relación donde los pequeños empresarios puedan identificar cómo sus necesidades se convierten en políticas públicas, financiamiento y resultados concretos.

SANTO DOMINGO.– Para Fabricio Gómez Mazara, el desafío del Estado frente a las micro, pequeñas y medianas empresas dominicanas ya no consiste únicamente en anunciar préstamos, capacitaciones, programas o nuevas oportunidades.

El próximo paso, sostiene, es mucho más profundo: demostrar resultados y conseguir que cada pequeño empresario pueda identificar de qué manera una decisión pública termina transformando su negocio y su realidad económica.

El director general de Promipyme llevó este planteamiento al XIX Congreso Internacional de Comunicación Política, donde presentó una visión que busca cambiar la manera tradicional en que las instituciones públicas se comunican con uno de los sectores de mayor peso en la economía dominicana.

Su propuesta parte de una idea central: no basta con que el Gobierno comunique lo que hace; el ciudadano debe poder reconocer qué cambió en su vida como consecuencia de esas políticas.

Del anuncio al resultado

Gómez Mazara define este desafío mediante el concepto de “atribuibilidad”.

En términos prácticos, significa que una política pública debe ser suficientemente clara y efectiva para que el ciudadano pueda relacionar una mejora concreta de su realidad con la decisión gubernamental que la hizo posible.

Para las mipymes esto puede traducirse en preguntas muy sencillas:

¿El financiamiento permitió ampliar el negocio? ¿Una capacitación aumentó las ventas? ¿La formalización abrió nuevas oportunidades? ¿Una política pública facilitó el acceso a mercados o compras gubernamentales?

La comunicación, desde esta perspectiva, deja de ser únicamente una herramienta para anunciar acciones y pasa a convertirse en un mecanismo para medir, explicar y conectar resultados con personas reales.

Un sector que representa el 96 % del tejido productivo

La dimensión del planteamiento adquiere mayor importancia cuando se observa el peso de las mipymes dentro de República Dominicana.

Según las cifras presentadas por Gómez Mazara durante su intervención, estas unidades económicas representan aproximadamente el 96 % del tejido productivo nacional, generan más del 61 % de los empleos y aportan alrededor del 32 % del producto interno bruto.

Sin embargo, el funcionario entiende que ese enorme peso económico todavía no se corresponde completamente con la capacidad del sector para influir en la construcción de políticas públicas.

Ahí identifica uno de los principales problemas.

Mientras sectores como el industrial y financiero cuentan con organizaciones consolidadas y mecanismos de incidencia claramente establecidos, el universo de las mipymes está compuesto por realidades profundamente diferentes.

Dentro de una misma categoría conviven desde un pequeño emprendimiento informal hasta empresas formalizadas con capacidad de producción, contratación y exportación.

Fabricio identifica cuatro mipymes diferentes

Uno de los elementos más interesantes de su planteamiento es precisamente romper con la idea de que todas las mipymes necesitan lo mismo.

Gómez Mazara distingue cuatro grandes segmentos: el microempresario informal, el microempresario formal, la pequeña empresa formal y la mediana empresa.

Cada uno enfrenta desafíos distintos.

Para un emprendedor informal, la prioridad puede ser superar las barreras que le impiden formalizarse.

Para un micronegocio formal, la preocupación puede estar relacionada con impuestos, costos y supervivencia.

Las pequeñas empresas necesitan mayores posibilidades de crédito, expansión y acceso a las compras públicas.

Mientras que las medianas pueden enfrentar retos relacionados con competencia desleal, protección productiva y exportaciones.

El mensaje detrás de esta segmentación es claro: una política para las mipymes no puede construirse como si millones de negocios compartieran exactamente los mismos problemas.

Escuchar también debe formar parte de la política pública

Gómez Mazara también puso sobre la mesa una debilidad histórica: la comunicación entre el Estado y los pequeños negocios ha funcionado principalmente en una sola dirección.

Las instituciones cuentan con estructuras para comunicar financiamientos, programas, capacitaciones y decisiones.

Pero el camino contrario —desde el pequeño empresario hasta quienes diseñan las políticas públicas— continúa siendo mucho más fragmentado.

La propuesta busca transformar esa relación.

No solamente comunicar hacia las mipymes, sino construir mecanismos capaces de escuchar desde las mipymes.

Una visión que coincide con una gestión enfocada en financiamiento

El planteamiento llega después de un período de fuerte colocación de recursos desde Promipyme.

Durante 2024 y 2025, la institución canalizó RD$14,874.6 millones en financiamientos directos hacia proyectos de microempresarios: RD$6,656.3 millones durante 2024 y RD$8,218.3 millones en 2025.

Estas cifras permiten colocar la propuesta de Gómez Mazara en un contexto más amplio.

Su discurso no plantea únicamente comunicar mejor cuánto dinero presta una institución, sino avanzar hacia una segunda pregunta:

¿Qué ocurrió con esos recursos después de llegar al emprendedor?

Cuántos negocios crecieron, cuántos empleos fueron creados, cuántos emprendimientos lograron sobrevivir, formalizarse o expandirse.

Ese cambio de enfoque puede representar una evolución importante para la comunicación pública.

De comunicar instituciones a comunicar transformaciones

La visión presentada por Fabricio Gómez Mazara toca finalmente un debate que va más allá de Promipyme.

Durante décadas, buena parte de la comunicación gubernamental latinoamericana ha estado concentrada en anunciar obras, programas, inversiones y estadísticas.

Su planteamiento propone mover el centro de atención desde la institución hacia el ciudadano.

Porque para un emprendedor posiblemente importe menos conocer cuántos programas fueron anunciados y mucho más saber cuál de ellos puede ayudarlo a mantener abierto su negocio, contratar un empleado adicional o convertir una pequeña idea en una empresa sostenible.

En un país donde las mipymes representan prácticamente todo el tejido empresarial, escuchar esa voz y convertirla en decisiones medibles no constituye solamente una estrategia de comunicación.

Es una apuesta por colocar al pequeño empresario en el centro de la política productiva dominicana.

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